sábado, 20 de diciembre de 2014

NUESTRO PATRIMONIO: EL ROLLO DE HUÉRCANOS (III)





El primer intento de trasladar el rollo tuvo lugar en 1953, cuando la Corporación municipal se propuso construir un Centro rural de higiene en los terrenos que ocupaba esta distinguida columna:


Urbana; en el Rollo, solar en la villa de Huércanos, de cuatrocientos cincuenta metros cuadrados de superficie, lindando Norte, Prudencio Cambra, don Práxedes Gorosábel y don Juan José García Medrano; Sur, carretera; Este, abrevadero; y Oeste, Nicolás Morga. No tiene cargas ni consta registrada. Vale dos mil pesetas. El Ayuntamiento es dueño de esta finca desde tiempo inmemorial, sin que conste su adquisición en fecha determinada. En su virtud el Ayuntamiento de Huércanos inscribe a su favor el dominio sobre la misma, al amparo del artículo doscientos seis de la Ley Hipotecaria, sin perjuicio de tercero de mejor derecho, al amparo de del artículo doscientos seis de la Ley Hipotecaria, sin perjuicio de tercero de mejor derecho. La extensa es la primera del número tres mil quinientos diez, folio cuarenta y seis de este libro. Nájera, cuatro de marzo de mil novecientos cincuenta y tres.



El arquitecto encargado de realizar el proyecto de la Casa del médico, José María Contreras, levantó plano de los solares en la Plazuela y en el Rollo, eligiendo este último por reunir mejores condiciones. Así, en la sesión ordinaria del 31 de marzo de 1953 los corporativos acordaron por unanimidad construir dicho edificio en el solar indicado, “y que la mole de piedra titulada la 'Cruz de los Ahorcados', que está enclavada en este solar, se traslade a una parcela que posee el municipio entre la Cª de Nájera y el camino de 'La Cerrada', por tratarse de un monumentos artístico”. Sin embargo, al final no se llevó a cabo por falta de las prometidas subvenciones estatales.


Será treinta y ocho años más tarde cuando se consume de la peor forma el traslado y presunta restauración de este símbolo de villazgo. Sin bien en 1990 se encargó a los arquitectos Francisco Javier García García y José Miguel León Pablo una memoria de restauración del rollo y remodelación de su entorno, incluyendo su traslado a la actual ubicación, no será hasta el año siguiente cuando se consume tamaño despropósito.

La Comisión del Patrimonio-Histórico Artístico de La Rioja, en sesión de 14 de febrero de 1991, tomó el acuerdo de aprobar la “restauración del Rollo y su entorno y creación del Hogar del Jubilado y Casa de la Juventud”. La Consejería de Cultura destina una subvención de 2.000.000 pesetas y da el visto bueno a la memoria, encargada en marzo por el Ayuntamiento. Con estos antecedentes, el 9 de julio de 1991 la Corporación aprueba el pliego de cláusulas económico-administrativas para la subasta del traslado y restauración, comprendidas en la memoria valorada del arquitecto Marcelino J. Magaña Izco. Esta memoria incluía la eliminación de uno o dos peldaños, la sustitución de la mitad inferior de las piedras y la limpieza con chorro de arena de todo el conjunto, con un presupuesto estimativo de 1.795.385 pesetas, lo que suponía un presupuesto de contrata total, con IVA, de 2.453.214 pesetas. En el desglose presupuestario de la obra se incluía el desmonte y enumeración las piezas, con un estudio fotográfico profundo; la realización en piedra del mismo material y con las mismas dimensiones de dos peldaños; la ejecución en piedra del mismo material de la mitad inferior del fuste, “con el mismo número y medida de piedras”; la limpieza del conjunto con chorro de arena, eliminando las partes sueltas o mal adheridas, espolvoreando árido inerte o arena de color similar a la piedra original para disimular las reparaciones; y, finalmente, la reconstrucción “incorporando las piezas antiguas y las nuevas, teniendo muy en cuenta el estudio fotográfico, con la numeración de sus diferentes partes. De esta forma, el 27 de agosto de 1991, se efectuó la apertura de la única plica presentada por Manuel Costa González, por 2.453.214 pesetas. Adjudicada provisionalmente en el momento y de forma definitiva el 12 de septiembre del mismo año, se formalizó contrato el 10 de octubre, por el que se comprometía a sujetarse “con estricta sujeción a los planos, pliegos de prescripciones técnicas, cuadros de precios, etc. Iniciados los trabajos el 2 de octubre de 1991, son recibidos de manera provisional el 31 de julio de 1992 y definitiva el 27 de abril de 1994.


Una vez llegados a este punto y con la altura de los años, nos podemos preguntar, no ya lo acertado del traslado, sino la forma de llevarlo a cabo. Personalmente, hubiera preferido dejar el rollo donde estaba, tras siglos clavado en la roca como la espada de la justicia y de la independencia municipal, pero tampoco nos podemos oponer a un traslado con las condiciones necesarias; es decir, desmontado, restaurado y ensamblado cerca de su emplazamiento original sin perder piedras, altura y perspectiva. La memoria le quitaba parte de las escaleras, la basa y las primeras piedras del fuste, sustituidas por otras nuevas; sin embargo, en el resultado final no se respetó la altura original de la columna y fue colocada una picota nueva. Verdaderamente se cometió un despropósito y desatino monumental, ya que la única piedra “salvada” del antiguo rollo fue la que contiene el escudo, ¿dónde fueron a parar las piezas de las gradas, basa y fuste?


viernes, 12 de diciembre de 2014

NUESTRO PATRIMONIO: EL ROLLO DE HUÉRCANOS (II)






Dentro de los elementos que componen y ornamentan este rollo de Huércanos, tan semejante en su estructura a otros muchos de España y de Europa, destaca en primer lugar la columna. Es significativo que desde los más remotos tiempos se utilizaron piedras dispuestas verticalmente para señalar algo, como los menhires megalíticos, de carácter funerario. Según Bader, en su trabajo sobre el rollo, dice que “ha sido simultáneamente un lugar de usos culturales y de temor supersticioso”, relacionado en su contexto con la Prehistoria. Kirchner opina sobre una propensión a levantar monumentos de piedra como un legado megalítico. Por otra parte las columnas conmemorativas fueron utilizadas desde la antigüedad hasta nuestros días para recordar hechos memorables. Los romanos levantaron la columna Trajana en el Foro de Trajano en Roma, en torno al año 113, para celebrar la conquista de Dacia; o la columna de Marco Aurelio, erigida en el Foro de Antonino hacia el 180 (hoy en la plaza Colonna de Roma) para conmemorar las victorias sobre los germanos. En épocas posteriores a la del imperio romano se ha seguido recurriendo a este tipo de monumento, como la columnas Vendôme de París, Nelson en la plaza Trafalgar de Londres o de la Independencia en la ciudad de México.

La picota en forma de empuñadura de espada, de la justicia, y cuatro brazos se dispone sobre la columna, coronándola, sustituyendo quizás de manera simbólica a las picotas y horcas de madera, en desuso, e identificándolas en su función significativa. Por otra parte, la decoración de los brazos con cabezas viene de una tradición muy antigua, que incorporaba varias cabezas en los monumentos (columnas, nichos, estelas, etc.), por lo menos desde los celtas, pasando por los romanos y llegando al Románico, Renacimiento y Barroco, que las incorporan a las iglesias. Estos elementos posiblemente tengan que ver con la justicia, como  guardianes de la ley que ejerce la villa a través de sus alcaldes y justicias.

Asimismo, el número cuatro viene avalado desde antiguo por varias representaciones, como las cuatro horas del día (matutinus, meridies, vespera y nox), mencionadas en la época celto-romana e identificadas por Hertlein con los capiteles de cuatro cabezas en las columnas gigantes de Júpiter, mientras que la “piedra de los cuatro dioses” o zócalo de los cuatro dioses de las columnas gigantes, las toma como representaciones de “apariciones o cosas de la naturaleza”, aludiendo de forma explícita a las cuatro estaciones y como aclaración de los cuatro elementos. De igual forma, las cuatro cabezas que simbolizan a los vientos y al tiempo atmosférico, las cuatro edades del mundo, los cuatro reinos del mundo, la urbe cuadrada y, en el antiguo derecho penal, el número cuatro aparece en las actas jurídicas. En el ámbito cultural y litúrgico de la Biblia se presentan los cuatro ríos del mundo, citados en el primer libro de Moisés: “y nacía del Edén una corriente para regar el jardín y se dividía en cuatro corrientes principales”; éstos se dirigían hacia los cuatro puntos cardinales y eran el Pisón (tal vez el Jaxartes Sri Daria), el Guijón (tal vez el río Oxus o el Amu Daria), el Hiddekel (el Tigris), y el P’rat (el Éufrates). En la iconografía del siglo XII los cuatro ríos del Paraíso son los cuatro grandes doctores de la Iglesia (Agustín, Gregorio, Jerónimo y Ambrosio), que junto a los símbolos de los evangelistas (tetramorfos) y las cuatro virtudes cardinales (templanza, prudencia, fortaleza y justicia) son ampliamente incorporadas al arte, debajo del Juez del mundo: “el Señor mismo toma el lugar del árbol de la vida sobre los cuatro ríos del paraíso”. 


sábado, 29 de noviembre de 2014

NUESTRO PATRIMONIO: EL ROLLO DE HUÉRCANOS (I)





Según la Real Academia Española, la palabra rollo, del latín rotŭlus (cilindro), en su acepción número 11, es de género masculino y significa:

Columna de piedra, ordinariamente rematada por una cruz, que antiguamente era insignia de jurisdicción y que en muchos casos servía de picota.[1]

Y  Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la Lengua castellana o española (1611) diferencia los instrumentos de tortura: “(...) el rollo es de piedra como un pilar grueso con cuatro canes, y por ser redondo se llama rollo”.[2]

No obstante, aun desconociendo el funcionamiento de la administración judicial en nuestros pueblos durante los siglos pasados, la picota era un poste en el que eran expuestos los malhechores a la vergüenza pública. La pena de picota aparece en el libro de las Siete Partidas (1252-1284), de Alfonso X, destinada como deshonra y castigo para los reos condenados por penas leves:

La setena es quando condenan a alguno que sea azotado o ferido paladinamente por yerro que fizo, o lo ponen por deshonra dél en la picota, o lo desnudan faciendole estar al sol untado de miel porque lo coman las moscas alguna hora del día. (Partida 7ª, ley 4ª, título XXI)[3].

Tradicionalmente se ha venido identificando al rollo con la picota y, dada la escasa documentación que hay sobre este tema, los historiadores tienden a dividirse entre los que apoyan esta unificación de funciones o los que ven en el rollo un símbolo del señorío y jurisdicción, mientras que la picota sería el instrumento en el que se exhibiría al delincuente y donde se ejecutarían los castigos menores. El uso de la picota sufre un silencio a partir del siglo XVI, sustituida tal vez por una variante inquisitorial que fue la expiación pública de los pecados en sagrado, sobre todo tras la reorganización de la administración y de la justicia con los Reyes Católicos. No obstante, se puede certificar que tanto el rollo como la picota eran símbolos de jurisdicción y, con seguridad, los más antiguos se identificaban entre sí, como emblema y lugar de castigo. Será a partir del siglo XVI cuando los rollos solamente cumplan un cometido alegórico de autoridad. Así, cuando en 1551 un auto ordene la reconstrucción del rollo de Huércanos, se dirá que “la dicha picota la puedan tener el dicho concejo y vecinos del lugar de Huércanos solamente para en ella usar y ejercer los autos de justicia que conforme a las sentencias y carta ejecutoria dada a favor de dicho concejo de Huércanos puedan hacer y ejecutar”; seguramente, algunas penas y castigos públicos menores.

Por otra parte, en Huércanos es habitual escuchar a las personas mayores que el rollo servía “para ahorcar”, si bien es algo muy improbable, ya que las villas ejercían la justicia en primera instancia, excluyendo por tanto la justicia mayor o de sangre, reservada desde la Baja Edad Media a los tribunales reales (alcaldes de Corte y Chancillería de Valladolid); por ejemplo, el Ordenamiento de Alcalá, promulgado en 1348 por Alfonso XI, puede considerarse como el primer gran golpe legislativo a las formas tradicionales de gobierno municipal. Así, la justicia mayor se reservaba a la autoridad superior y los pecados públicos eran competencia de la Inquisición. La pena de horca, habitual en la España medieval y moderna, era consumada en cadalsos colocados ad casum en las plazas públicas para la ejecución de los condenados. Con estos antecedentes se puede afirmar que los diversos topónimos referentes a La Horca, al Rollo o a la Picota, en las afueras de los cascos urbanos, fueron monumentos simbólicos de soberanía municipal en las causas civiles y criminales; muchos de ellos sacralizados posteriormente y decorados con “calvarios” y “dolorosas”. En este punto nos podemos preguntar sobre el crucero, ya desaparecido, en el actual camino del Cristo de Huércanos: ¿pudo ser una horca o picota sacralizada?

Aunque carecemos de documentos que atestigüen la fecha de su construcción, es muy probable que fuera edificado en el año 1443, ya que Juan II de Castilla concedió a la villa de Huércanos la jurisdicción civil y criminal en primera instancia, separándola de Nájera, el 14 de julio de este año; confirmada por su hijo Enrique IV de Castilla el 24 de mayo de 1459 y por los Reyes Católicos el 3 de marzo de 1492.[4] Al parecer, estos mandamientos no frenaron a los indómitos duques de Nájera: Pedro (1482-1515), Antonio (1515-1535) y Esteban (1535-1558) Manrique de Lara, que sin ningún escrúpulo retuvieron para sí la jurisdicción civil y criminal de Huércanos, destruyendo incluso el símbolo de la misma, el rollo. Sin embargo, un largo pleito iniciado en el primer tercio del siglo XVI acabó con esta intromisión por sus sentencias de vista, el 6 de mayo de 1547; de revista, el 20 de diciembre de 1549; y carta ejecutoria, el 20 de marzo de 1550. Se condenó al duque y ciudad de Nájera a respetar al pueblo de Huércanos en su pacífica posesión de la jurisdicción civil y criminal, como propia del rey.[5] Además de todo ello, por un auto fechado el 20 de octubre de 1551, el presidente y oidores de la Chancillería de Valladolid dieron carta y provisión real

para que el dicho Alcalde mayor a su costa vuelva a poner la picota que en el dicho lugar de Huércanos estaba, puesta según y como estaba antes y al tiempo que fue derribada y quitada, y puesta no la vuelvan a quitar ni derribar, ni perturbe ni moleste al dicho concejo y vecinos del lugar de Huércanos sobre ello, so pena de cincuenta mil maravedíes para la cámara de Su majestad, con que debían mandar y mandaban que la dicha picota la puedan tener el dicho concejo y vecinos del lugar de Huércanos solamente para en ella usar y ejercer los autos de justicia que conforme a las sentencias y carta ejecutoria dada a favor de dicho concejo de Huércanos puedan hacer y ejecutar, y mandaron que si por razón de haber puesto dicha picota el dicho Alcalde mayor o Alcalde mayor del adelantamiento de Castilla, del partido de Burgos, tienen presas algunas personas las suelten y no prendan a persona alguna sobre lo susodicho, y así lo mandaron.[6]

En primer lugar decir que este rollo realengo, como muchos otros en la provincia y fuera de ella, se levantaron con una arquitectura simbólica e ideológica, propia del Renacimiento. Erigido sobre un peñasco, le fueron adosados cinco escalones de piedra de sillería en 1956-57, procedentes de las gradas exteriores de la iglesia parroquial. Todo él era de piedra arenisca de color rojizo, procedente seguramente de las canteras de San Asensio, compuesto por cinco piezas de sillería: basa, tres en la columna (dos pequeñas y una mayor) y la picota (una pieza con los cuatro brazos y el pináculo encajado). Quizás, en 1551, cuando fue ordenada su reconstrucción, se reaprovecharon las piedras abatidas y, lo que es seguro, se colocó una nueva piedra con el escudo del emperador Carlos.

Se puede describir como un monumento compuesto por basa de sección cuadrada; columna con un anillo en su parte baja y el imperial escudo de Carlos V en la zona alta; y picota a modo de empuñadura de espada con cuatro brazos que representan seres míticos, entre animales y aves, cabeza con grandes ojos, garras y crin de plumas. Mención aparte merece el escudo, en la parte alta de la columna, labrado en una piedra de más de metro y medio de altura. Esta piedra tiene una buen estado de conservación (es la única que resistió la “restauración”), muy superior a las restantes que componían el antiguo rollo, lo que hace pensar que fue dispuesta en el mismo cuando fue reconstruido. Volviendo al tema del escudo es clara su adscripción a Carlos I de España (1516-1556) y V de Alemania (1520-1558), patente en el águila bicéfala que lo sujeta con las garras, propia del Sacro Imperio Romano-Germánico, en la corona imperial y en la piel de carnero o vellocino, perteneciente a la Orden del Toisón de Oro; sin embargo, el contenido del escudo resulta desconcertante pues difiere de la composición tradicional en las armas del César Carlos. Es un escudo cuartelado en cruz, de cuatro cuarteles; el 1º y el 4º son iguales, así como el 2º y el 3º. El 1º contiene el contracuartelado de Castilla y León, aunque un león no aparece rampante, sino pasante, y en el 4º solo aparece un león pasante sobre castillo, que serían los cuarteles segundo y cuarto del cuartelado de Castilla; mientras que el 2º y 3º cuarteles corresponden a Aragón y Sicilia, partido, con los cuatro palos y el cuartelado en sotuer, 1º y 4º de Aragón y 2º y 3º águila exployada. Sin duda, este blasón cuartelado es formalmente el escudo de armas de los Reyes Católicos, abuelos maternos de Carlos I.[7]




[1] REAL ACADEMIA ESPAÑOLA DE LA LENGUA, Diccionario de la lengua española, 21ª Edición, Madrid: Espasa Calpe, 1996.
[2] COVARRUBIAS, S., Tesoro de la castellana o española, Madrid: Imprenta de Luis Sánchez, 1611, fol. 59 vto.
[3] ALFONSO X,  Las Siete Partidas.- Madrid: Lex Nova, 1989 (edición facsimilar de la edición de 1491, con glosas de Alonso Díaz de Montalvo).
[4] ARCHIVO MUNICIPAL DE HUÉRCANOS, Privilegios, leg. 5/3, fol. 4.
[5] ARCHIVO MUNICIPAL NÁJERA, Pleitos, 460/01, fls. 1-57.
[6] AMN, Pleitos, 460/01, fls. 60 vto.-61.
[7] MESSÍA DE LA CERDA Y PITA, L., Heráldica Española, Madrid: Editorial Aldaba, 1990.

viernes, 21 de noviembre de 2014

HUÉRCANOS, SU ESCUDO Y LA CASA DE ALBA



     


      Ante la muerte de Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, duquesa de Alba y de otros muchos títulos nobiliarios, me viene a la mente un hecho que relaciona a la familia materna de la duquesa  con nuestra villa de Huércanos. En el siglo XVII, ante la falta de liquidez, el ayuntamiento buscó en un censo el remedio a sus miserias; un censo prestado por la familia guipuzcoana Atocha, a la que anualmente debían pagar los réditos correspondientes. 
Este censo lastró la economía municipal hasta su redención en 1847; incluso el ayuntamiento de Huércanos había entregado casi todas las propiedades municipales, entre ellas la casa consistorial para satisfacer los atrasos a los González de Castejon, ya que la última Atocha, Margarita de Atocha y Hurtado de Mendoza, nacida en San Sebastián en 1714, casó en Durango en 1733 con Manuel Vicente González de Castejón y Malo, nacido en Logroño en 1711, señor de Soto y Treguajantes.

En octubre de 1877 se hizo división y adjudicación de bienes a la muerte de Luis González de Castejón y Gil-Delgado, vecino de Bilbao; encontrando entre ellos los que fueron del Concejo de Huércanos, y sacados a subasta años después:

-     Una heredad cultivada, titulada de la Tejera, de cuarenta fanegas de tierra blanca.
-     Otra heredad de cuatro fanegas de tierra en el punto que llaman Camino de Nájera.
-     Una heredad en el punto que llaman Pranigüela, de dos fanegas de tierra.
-     Una heredad de sesenta fanegas de tierra, que fue prado Salobre.
-     Otra heredad de dos fanegas que llaman la Fuente, que antes fue chopera.
-     Otra heredad titulada Monte o Montecillo, de diecisiete fanegas.
-     Una casa mesón, situada en la calle del Medio que sale al camino que va a Fuenmayor.
-     Una casa que fue carnicería, sita en la calle que conduce a Alesón.
-     Un solar que ha sido cueva y lago, en el callejón del Olmo.
-     Una tejera en el camino de Navarrete, con su horno, caseta y era, de media fanega de tierra.
-     Un sitio solar que fue horno, titulado de la Alhóndiga, sito en la calle de los Aires.
-     Una casa que fue Ayuntamiento, sita en la plaza de la Constitución (España).
-     Una herrería con su fuelle, yunque y pila de piedra, sita en la calle que conduce a Nájera.
-     Un solar donde estuvo el peso real y que tuvo soportales, en la calle de la Plazuela.

A pesar de todo ello, en 1961, cuando la corporación presidida por Práxedes Gorosábel decidió adoptar un escudo heráldico para uso de la villa, el cronista rey de Armas, Vicente de Cadenas y Vicent, de forma sorprendente y que no se puede entender, aconsejó en su informe las armas propias de los marqueses de Fuertegollano:

Escudo fajado de tres fajas de oro, alternadas por tres fajas de plata. Debe timbrarse el Escudo de Armas de la Villa de Huércanos con la corona de marqués, que es un círculo engastado de piedras preciosas y realzada de cuatro florones (tres vistos), intercalados entre cuatro grupos de perlas (dos vistos), puestas sobre pequeñas puntas.

Ascendientes de Cayetana con propiedades en Huércanos: 
– Ildefonso González de Castejón y Sarría, nacido en Vitoria en 1773, IV marqués de Fuerte Gollano, dueño mayorazgos de Yurreta, Jaureguizar, Azpilcueta y Espinosa. Casó en Miranda de Ebro en 1792 con Basilia Gil-Delgado y Ocio, nacida allí en 1771. Fueron sus hijos:
1.Gregorio, que sigue
2.Juana de González de Castejón y Gil-Delgado, casada con el general Francisco de Paula Alcalá, natural de Puebla de Almenara (Cuenca).
3.Luis de González de Castejón y Gil-Delgado, nacido en San Sebastián 1800, teniente de Granaderos de Logroño. Casó con Adelaida Torre Lequerica y Ulíbarri. Fueron sus hijos:
3.1.        Luis Castejón y Torre, casó con Carmen Polanco y Ortiz de Rozas, sin sucesión.
3.2.        María de Castejón y Torre, nacida en Durango 1853. Casó con Pablo de Alzola y Minondo, ingeniero de Caminos, nacido en San Sebastián 1841, alcalde de Bilbao, con sucesión.
3.3.        Adelaida González de Castejón y Torre, nacida en Durango en 1856. Casó 1ª vez con Juan de Gurtubay y Meaza, banquero, fundador de Altos Hornos de Vizcaya, padres de:
3.3.1.       Rosario de Gurtubay González de Castejón, nacida en Bilbao 1879. Casó en Madrid 1899 con Alfonso Silva y Fernández de Córdoba, duque de Hijar, padres de:
3.3.1.1.       Rosario de Silva y Gurtubay, nacida en Madrid 1900. Casó en Londres 1920 con Jacobo Fitz James Stuart y Falco, duque de Alba, padres de:
3.3.1.1.1.       Cayetana Fitz James Stuart y Silva, duquesa de Alba (1926-2014).